O cómo el frío despeja las mentes

Quizá la gente crea que estos casi 4 años de camino han sido fáciles. O que ahora que cada vez nos conoce más gente vivimos muy relajadas. Pero no… Nuestro día a día es muy diferente.
Prácticamente cada semana tenemos una sorpresa nueva.

Hay mucho trabajo en Maharloka que se hace continuamente y no se ve. La gestión de las clases, de las salas, la limpieza, la puesta a punto del material, la coordinación de pacientes y terapeutas, la actualización de la página web, el diseño de publicidad y gestión de redes sociales… ¿Sigo?

Todo este trabajo, y mucho más, nos lleva muchísimas horas a la semana. Muchas en el centro y muchas en casa, porque cualquiera que tenga un negocio propio sabe que no existe la desconexión. Que sí, que sí, que hay que desconectar por salud mental. Pero una cosa es decirlo y otra hacerlo.
Cuando desempeñas una tarea en la que tus horas de trabajo a veces se transforman en algo de dinero a fin de mes y a veces no, desconectar es realmente difícil. Tu mente siempre está maquinando nuevas ideas, nuevos proyectos, acciones que quizá funcionen, colaboraciones… No paramos.

Si a todo esto además sumamos lo difícil que lo tenemos autónomas y pequeñas empresas en este país, y lo agitamos todo bien, el resultado puede ser un cóctel explosivo que puede terminar bajando la persiana y no subiéndola más. Los que os mantenéis fieles desde el principio lo sabéis bien. ¡Vivimos en una montaña rusa emocional!

¿Y por qué os contamos todo esto?

Pues porque la semana pasada las situaciones vividas nos pusieron en una encrucijada. Uno de los pilares que sostienen Maharloka se caía. La psicomotricidad vivencial es una parte muy importante de este proyecto porque también forma parte de nuestra vida personal. Es de esas cosas que tienes tan integradas que sin ella nada puede ser igual. Algo que crees tan importante que debes darlo a conocer al mundo.
Y no nos veíamos siguiendo nuestro camino sin esta pata que nos dejaría tan cojas.

Presión y necesidad agudizan el ingenio, así que esta última semana hemos tomado decisiones que no hubiéramos sido capaces de tomar en otro momento de nuestra vida.

Maharloka crece, Maharloka es cada vez más independiente y más valiente, Maharloka se hace cada vez más pequeña y personal para hacerse inmensamente grande. Maharloka busca la manera de cumplir un sueño.
Un sueño que nunca está definido del todo, un sueño que va cambiando con el tiempo, con la luna, un sueño cíclico en el que creemos más o menos dependiendo de nuestro momento personal. Un sueño que siempre sigue ahí y que vamos alimentando y modificando según lo necesitemos.

Nos hemos dado cuenta de que las cosas que mejor funcionan aquí dentro son las que podemos controlar, así que ese es realmente el camino que vamos a tomar. Controlar nuestro sueño, nuestro crecimiento y nuestro negocio. Porque Maharloka es un negocio. Sí, un negocio. No es una asociación, no es una ONG, no es un lugar de voluntariado ni algo altruista.

Nos levantamos cada mañana a trabajar como cualquier otra persona. Trabajamos en algo que nos gusta y que creemos necesario. Tenemos ánimo de lucro, sin que eso sea necesariamente algo malo, porque lucrarse no es malo, lucrarse es conseguir lo que se desea, sacar provecho de un negocio. No significa que la ganancia sea perjudicando a nadie, ese significado es erróneo debido a usos del lenguaje bastante confusos.

Y aparte de ánimo de lucro, tenemos facturas que pagar en casa y en el trabajo, libros que comprar, hijos que vestir y alimentar. Como todo el mundo. Como todas esas personas que, naturalmente, esperan cobrar un precio justo por su trabajo. Nosotras también.

La verdad es que los enfados que van surgiendo por estas situaciones críticas al final siempre se diluyen. Y debajo queda un cansancio profundo en el que sentimos que a veces, muchas veces, no se da importancia al trabajo y al gran valor que creemos que aportamos desde Maharloka.

Por eso el aprendizaje y la conclusión que sacamos en este momento de todo lo vivido hasta ahora es que nosotras sí, nosotras valoramos muchísimo nuestro esfuerzo, nuestra implicación, nuestro trabajo y nuestras horas de dedicación que tantas veces son robadas a nuestras familias.

Y aquí es donde llegamos a la raíz del asunto. Si tú no te valoras, si tú crees que no tiene importancia lo que haces, si a todas horas te quitas mérito y priorizas lo de los demás, nadie lo va a hacer por ti. No se puede vender algo en lo que tú misma no crees.

La respuesta era muy sencilla y a la vez muy difícil de integrar.

Ahora sí que es nuestro momento. Ahora nos lo creemos. Y ahora sabemos que estamos preparadas para decírselo al mundo.

De nuevo ha sido un gran trabajo llegar a estas conclusiones y sabemos que nos queda un largo y duro camino por delante. La mejor suerte de todas es que nos tenemos a nosotras, con nuestra historia y nuestro gran trabajo personal, el que ya hemos hecho y el que nos falta por hacer, el que nunca termina. Y estamos rodeadas de gente que confía en nosotras, que nos anima sin cesar y que cree que todo lo que hacemos tiene un sentido.

Se acabaron los gurús, las grandes crisis traen siempre grandes aprendizajes y el nuestro es que estamos rodeadas de maravillosa e increíble gente corriente.