A unas horas de recibir la última Luna Negra del año y sumergida por completo en la energía arquetípica de la Anciana me llega constantemente la necesidad de reflexionar sobre la manera en la que nos han enseñado a relacionarnos entre nosotras.

Pensemos, como mujeres, en cuál ha sido el aprendizaje que hemos recibido desde nuestra infancia sobre lo que significa la presencia de otras mujeres en nuestra vida. Ser la más bonita, la más lista, la mejor peinada… la que saca mejores notas, la más alta, la que más tetas tiene… la que más gusta a los chicos, la que más liga, la más simpática… la que consigue el mejor trabajo, la que más gana, la que tiene una vida más perfecta… la que más…la que más… la que más…

¿Y qué imagen nos devuelven las televisiones sobre cómo nos relacionamos con otras mujeres? Mujeres luchando literalmente por una cita con un hombre, celos patológicos normalizados para justificar enfrentamientos surrealistas, cosificación constante de nuestros cuerpos sin respeto alguno a nuestra esencia femenina…

Lucha, rivalidad, enfrentamiento… Éste es el mensaje que recibimos, lo que “hemos mamado”, que diría mi abuela.

Pues ME NIEGO, me niego y grito que BASTA YA. Basta de enseñar a nuestras hijas estos mensajes. El re-aprendizaje más significativo que podemos hacer en este momento es el de volver a encontrarnos con las demás mujeres. Sí, las mujeres de nuestro alrededor, las mujeres que se cruzan en nuestro camino, las mujeres con las que compartimos la vida… Es tiempo de unión y encuentro entre mujeres, es tiempo de crecimiento desde la unidad, es tiempo de mirarnos a los ojos y que salten chispas, pero de complicidad.

Hace ya casi 8 años tuve un bonito momento de conexión con mujeres que no conocía de nada. En un taller grupal Esther Santiago de La Voz de la Maternidad nos invitó a todas a mirarnos a los ojos sin juicio, sin crítica, simplemente viendo a la mujer que habitaba en los ojos que mirábamos. Fueron minutos eternos que me abrieron una maravillosa puerta de conexión con otras mujeres. Sorprendente, pero minutos después casi todas llorábamos de emoción… Simplemente mirándonos desde el respeto y la admiración mutua.

Desde entonces me he permitido recibir de otras mujeres Abrazos de los que sostienen el alma, Lecciones de las que cambian vidas y Palabras de las que mi corazón se nutre.

Re-aprendamos a relacionarnos, cambiemos la mirada hacia nuestras Hermanas, recuperemos la Tribu de Mujeres Sabias.

INMENSAMENTE AGRADECIDA A LAS MUJERES DE MI VIDA, MIS MAESTRAS.