La preparación y creación de un círculo de mujeres es verdaderamente apasionante. Todas las horas de preparación ya son un bello trabajo. Para mí como facilitadora del círculo, todo el tiempo de preparación supone un proceso de sanación para mí misma, un espacio de conexión con mi propia alma, con mis inseguridades, con mi sabiduría… 

El mismo día del Círculo la preparación del espacio es un verdadero ritual. Limpieza de la sala, colocación, aromas, meditación, música…

Todo empieza a tomar un aire sagrado.

La colocación del altar, eligiendo una tela, encendiendo un fuego, colocando cada uno de los objetos que representan algo importante…

Desde ese momento, la sala se torna mágica, se percibe nada más entrar una necesidad de conexión, de encuentro, de intimidad.

Pero un Círculo de Mujeres no es nada sin las mujeres que lo van a integrar.

Siempre digo que las mujeres que decidimos sentarnos juntas, en círculo, con todo lo que ello implica, somos unas valientes. Mujeres valientes que nos atrevemos a dedicarnos un tiempo para nosotras mismas, mujeres valientes que estamos dispuestas a mirarnos con profundo respeto, mujeres valientes que sentimos que podemos aportar un granito de arena para cambiar el mundo.

Una de las experiencias más sanadora que sucede en un Círculo es la de re-conocernos en la otra, especialmente en esa sombra que con frecuencia necesitamos esconder porque no sabemos gestionarla de otra manera. Mirarnos desde el profundo respeto a nosotras y a las demás mujeres nos transporta a un tiempo lejano y una memoria ancestral en la que las mujeres podíamos convivir en sintonía con nuestros cuerpos y con nuestra energía femenina.

Y así, de repente no necesitamos reprimir emociones, ni competir entre nosotras. De repente cambiamos la violencia por amor. De repente la crítica da paso al sostén entre iguales. Nuestras vulnerabilidades tienen espacio para manifestarse, sabiéndonos escuchadas, contenidas y abrazadas por la mirada del resto de mujeres que conocen en cada una de sus células lo que nosotras sentimos.

Porque todas somos una en círculo.